sábado, abril 23, 2005

¿Ética post-protestante?

Estos son buenos días para hablar de la religión y de su influencia en el campo cultural. Desde que Max Weber relacionó reforma y acumulación de capital a los países del arco católico siempre nos quedó algún León XIII al que echar la culpa de nuestro subestado de malestar. Ya se sabe. Mientras que en Suiza gracias a Calvino florecía la banca, en Sicilia inventaban el arte del "que parezca un accidente"; mientras que Sevilla continuaba exhibiendo el barroco arte de la procesión y la saeta, los industriosos amish aportaban sus conocimientos carpinteriles al fortalecimiento de la libertad. Mientras que los Ingleses blandían su Revolución Industrial y Francia (ese país conquistado por los hugonotes) sus Revoluciones Políticas, los países de la sanísima dieta mediterránea tenían dictaduras y auotarquías económicas hasta hace quien dice un suspiro histórico (Franco, Salazar y los Coroneles griegos). Imagino que El Pais, la pérfida albión y el politburó alemán podrán culpar a Benedicto XVI por el No francés a la neoliberal construcción europea.

Pero en tiempos de la postmodernidad un hijo de la Reforma y del paraíso nórdico viene a proclamar que la ética protestante del trabajo toca a su fin. Esta es la tesis central de la interesante monografía de Pekka Himanen, La ética del hacker y el espíritu de era de la información, Bcn, Destino, 2003. El susodicho fue alumno y colaborador de M. Castells (del que se incluye un epílogo) con lo que de entrada ya se puede advertir que tenemos a Internet como paradigma y centro de todo lo que ocurre en el Universo Sociológico Conocido. La ética de la que hablamos es básicamente la del fenicio Pujol: "la feina ben feta no te fronteras espirituals", o dicho de otro modo, el trabajo debe ser considerado un fin en sí mismo, en el trabajo uno debe realizar su parte lo mejor posible y el trabajo debe ser considerado como un deber, que se lleva a cabo porque se ha realizado (pág. 29). Como contrapunto se opone la ética del hacker, es decir, aquella que cree que el trabajo no debe valorarse sino por sus efectos y en virtud de la autorealización. Además, frente al perverso individualismo del protestante, el hacker pone sus habilidades al servicio de la comunidad para producir cosas cada vez mejores y espera como mayor beneficio el reconocimiento reverente del resto de sus pares. Dicho de un modo grato a Himanen, la obligación de la semana laboral se substituye por el trabajo por objetivos repartido entre días de ociosidad marmotil y actividad cafeinómana; la exaltación del lunes se substituye por el derecho a un Domingo eterno.

El libro no deja de ser un traslado a todo el sistema de producción de las consecuencias derivadas de movimientos como el software libre y sus habituales estandartes: Linux y la wikipedia. El nivel de desarrollo del proyecto informático y del proyecto cultural no deja de ser indicativo de hasta dónde está expandida la nueva ética hacker del trabajo. No deja de ser curioso, por otra parte, que Himanen defienda que mientras que el proletariado fue sometido por la ética protestante del trabajo (fordismo, taylorismo, estajanovismo) una capa social ya había adoptado para sí los principios espirituales de la ética hacker; en efecto, los artistas y los profesores universitarios (!?), colectivos a los que uno podría añadir el de los funcionarios de carrera del Estado Español. Todo ello sin olvidar el rescate de algunos temas ya tratados por los entrañables anarquistas decimonónicos, ya se sabe, la comunidad autogestionada, el fin de la idea de propiedad, el cada cual según sus necesidades y a cada cual según sus capacidades, y la felicidad en la realización de las inquietudes individuales.

En síntesis. Un libro que debe usted conocer (aunque no necesariamente leer) para que en una conversación de bar sus amigos le reconozcan como intelectual de vanguardia. Total, disertar es una de las pocas actividades que clavan el sentido de la ética hacker: el entusiasmo por la propia discusión; la gratuidad de su entrega; la libertad con que se lleva a cabo; las redes de amistad complicidad y simpatía que crea; y su inigualable creatividad.

5 Comentarios:

At 3:51 a. m., Blogger Roberto Iza Valdes dijo ...

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At 9:09 p. m., Blogger Roberto Iza Valdes dijo ...

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At 12:29 p. m., Blogger Julio y Gaby dijo ...

Demasiado soberbio el catolicoide que escribió acá. Mejor dicho, lógicamente soberbio.

 
At 8:58 p. m., Blogger Iza Firewall dijo ...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

 
At 5:37 a. m., Anonymous Anónimo dijo ...

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